Reconozco que idear disfraces inverosímiles me encanta. No hay dolor. Lo mismo me da lobo, que medusa, que palmera. Por eso las profes del cole, que ya me conocen, me suelen reservar el "disfraz imposible" ; saben que soy una inconsciente que no conozco límites...
Y este festival de Navidad ha tocado... ¡Bocata de calamares!



















